Salió de la consulta en estado de shock. Fue una noticia inesperada.
Sin dudarlo un segundo y, a pesar de sentirse exhausta, cogió las zapatillas que habÃa guardado meses atrás y se presentó en la San Silvestre. Siempre participaba, pero precisamente ese año no era una opción que habÃa podido valorar.
Esa serÃa una carrera única, aquella que le habÃa otorgado la vida sin preguntar.
Su objetivo no era llegar la primera, sino cruzar la lÃnea de meta.
Inició el trayecto con un semblante radiante. El pelotón se reflejaba sobre la marea de sus ojos.
Con dificultad, pero manteniéndose firme, llegó al final, deslizó las manos con decisión hacia la nuca y deshizo el nudo. Aprovechó la suave brisa para hondear su pañuelo en señal de victoria. Llevaba la paciencia, la valentÃa y la perseverancia por bandera.
No le importó llegar la última; fue la primera en nacer ese dÃa.